Leamos un rato

Respecto a una conversación de ayer con la Natalia h, me acordé de esto, le dije que lo postearía y aca estoy, harto tarde sosí, porque el viernes casi me moria y no vine a la pega (pega=trabajo), asi es que lunes de hartas cosas.

DESCONFIANZA EN EL OÍDO

Fabio Morábito, libro “el idioma materno”.

He perdido con la edad algo de capacidad auditiva y si me dicen un nombre nuevo que no entiendo, pregunto cómo se escribe.  Sólo cuando me lo han deletreado me siento a mis anchas.  ya no confío en mi oído.  Debería esforzarme por escuchar mejor y no aferrarme a la letra escrita como una tabla de salvación, pues cuando alguien nos deletrea un nombre o una palabra, nos está matando, porque nos excluye del lenguaje; en rigor, las letras de una palabra no existen, porque los fonemas no se pronuncian aisladamente; el fonema es una abstracción, una disección del habla o, en el mejor de los casos, un balbuceo.  La palabra es entera como un soplo.  Cada vez que nos deletreamos para oír mejor, detenemos ese soplo y nos separamos del mundo.  La escritura inventó los sonidos aislados y exhibió una desmembración del lenguaje que era inconcebible antes de ella y que aquellos que no saben leer ni escribir desconocen por completo.  Un sordo inventó la escritura, o la escritura es la venganza de los sordos, una artimaña que nos ha hecho desconfiar de la palabra desnuda, la palabra que se oye, y nos hace recelar de nuestro oído.  El simple hecho de hablar de las palabras es ya una deformación derivada de la escritura.  Es por la escritura que ha surgido la palabra como la soberana indiscutible del lenguaje, junto con la creencia de que hablar consiste en encadenar palabras.  Sabemos que no es así, que hablar es algo parecido a saltar sobre las piedras de un torrente, donde pisamos sólo algunas piedras, aquellas que nos permiten saltar hacia las otras.  Sólo gracias a esta relativa refutación de cada piedra podemos cruzar hasta la otra orilla.  Del mismo modo, hablamos porque a cada paso nos desentendemos de lo dicho y este desentendimiento alcanza su plenitud en la poesía.  Con ella nos apartamos definitivamente del deletreo de perico, de la conservación juiciosa, pues en el poema la palabra es sometida a la mayor refutación posible, al grado de que todo él puede verse como una sola palabra, una sola emisión de voz, un único salta de una orilla a otra.

Que tal? debo reconocer que este libro de cuentos me dejó maravillada, estoy que se los comparto completo, jajajaja… veremos como sale, pero este tema me pareció interesantisimisimo.

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